Todo se derrumbó…

Todo se derrumbó…

Hola a todos, esta semana el espacio de la Bitácora cuequera está a cargo de un invitado especial, Saúl Sánchez Lovera (@superzoolo), el primero de los tostones que se anima a colaborar en este espacio que pretende exponer lo que vive un estudiante de cine en el legendario Centro Universitario de Estudios Cinematográficos.

Sin más preámbulos, los dejo con esta (divertida) bitácora que si fuera impresa sería rasca-huele, jejeje. Saludos, Christian De La Luz (@Christer).

TODO SE DERRUMBÓ…

Estoy sentado en el lobby del Cinépolis Centro en Morelia esperando a que empiece la primera función del día. Es mi cuarta jornada en el festival y suenan los pajarillos a lo lejos, el sol brilla radiante y veré la nueva película de Hirokazu Koreeda. Alto.

Algo aquí no está bien: se trata ciertamente de la tranquilidad que antecede a la tormenta. Saco mi celular, reviso mi mail y ahí está, a punto de destruir mi paz. En la bandeja de entrada reluce un correo de Flavio Gónzalez Mello, el profesor de Realización.

Guion del ejercicio “La pelota”

 (Nota: aquí debe de escucharse “Todo se derrumbó”, de Emmanuel: Todo se derrumbóooo, dentro de míiiiiii, dentro de míiiiii. Mira mis sueños cómo se quiebran, mira mis lágrimas cómo no cesan por tiiiiiii.)

“La pelota” es el ejercicio emblemático del CUEC. Todos los estudiantes que han pisado este honorabilísimo Centro lo han realizado y, me imagino, sufrieron mi misma angustia al recibir el guión. El ejercicio es simple: varios personajes se disputan una pelota. No hay más. No hay narcotraficantes, largas escenas contemplativas o desnudos de Martha Higareda. Sin embargo, en ese minúsculo guión está todo: los movimientos de cámara, la búsqueda de locaciones, la fotografía en exteriores, el manejo de equipo que aún no puedo nombrar completamente, la escala de planos, las largas horas de rodaje y un etcétera larguísimo. *Suspiro*.

Las clases teóricas se han suspendido para preparar nuestras pelotas (jijijijiji), nos esperan largas noches en vela frente a una hoja en blanco que espera ser un storyboard, un shooting script o una plantilla. El primer periodo de clases en el CUEC ha sido intenso: sobrevivimos a la humillación en clase de Dirección de Actores, a una película de tres horas y media donde un ama de casa realiza una misma rutina incesantemente, a ocho ejercicios de Realización, a comida hiper grasienta de Ciencias Políticas, a un buen número de cocteles en la Cineteca Nacional, a una mudanza  de una pequeñísima choza de la Colonia del Valle a un intimidante edificio en Ciudad Universitaria, a fiestas que terminan a las 7 am, en algún lugar muy lejano a casa. Toto, we’re not in Kansas anymore.

En estos meses aprendimos, tal vez a la mala (que es la única forma en la que uno verdaderamente aprende), que la vida del estudiante de cine no es fácil: hay maestros que insisten en seguir fórmulas y lenguajes bien establecidos y otros que invitan a romperlos. Hay clases maravillosas y otras que anulan completamente, durante tres horas, las ganas de vivir. Hay películas que uno adora y otras que resultan putrefactas (lo peor es que no se aceptan devoluciones). Hay largas noches de insomnio e intensas mañanas en las que uno se apresura a hacer las tareas del día. Hay un sentimiento de pesadumbre general, como si en la espalda uno cargara todas las películas que no ha visto, todos los libros que faltan por leer. Hay momentos donde todos los sentimientos chocan de golpe: la emoción, la euforia, el miedo, el arrojo, la incertidumbre.

El primer periodo de clases en el CUEC ha llegado a su fin. Caput. Ciao. Au revoir. Goodbye. Sayonara. Pero a lo lejos se alcanza a ver la tempestad y compermisito, me voy a la esquina a llorar en posición fetal.

Tostón: Saúl Sánchez Lovera.
Saúl es uno de los más chavos del grupo

Saúl Sánchez Lovera (@superzoolo)

Comentarios